Imagen aérea de una amplia zona cubierta por invernaderos en el sur de España.
Pie de foto: Son 32.000 hectáreas cubiertas por invernaderos en el sur de España, más concretamente en la región de Almería.

Autor: Alejandro Millan Valencia
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Es la única construcción humana visible a simple vista, sin ayuda de instrumentos, desde el espacio, de acuerdo a la NASA. Es el llamado «Mar de Plástico», 32.000 hectáreas de tierra (equivalentes a 44.000 campos de fútbol) cubiertas por invernaderos en el sur de España, entre las ciudades de El Ejido y Almería. Bajo esos techos de plástico blanco crecen al año cerca de cuatro millones de toneladas de alimentos como pepinos, tomates, pimientos, sandías y melones, de los cuales más de la mitad se exportan a países europeos. Por eso, a este enorme conjunto se le conoce también como la «huerta de Europa».

Un milagro económico que es aún más notable porque la producción ocurre en una de las zonas más áridas de España y Europa: aquí llueve apenas un promedio de 54 días al año. El desafío productivo ya asomaba en la década de los 50, cuando la región se enfrentó a una realidad ambiental difícil. Hacía falta agua para lograr que la agricultura fuera una fuente económica sostenible. Entonces, el gobierno español decidió mirar hacia el subsuelo: los acuíferos subterráneos que se encuentran en la zona.

«La combinación de sol y agua era perfecta para hacer crecer alimentos e impulsar la economía de Almería, que estaba muy afectada», le dice a BBC Mundo Luis Miguel Fernández, gerente de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Almería (Coexphal). El impulso tomó dimensiones épicas y, en los últimos 25 años, el terreno no ha dejado de crecer. Actualmente, es una actividad que deja cerca de 5.100 millones de dólares al año para la región. Es, junto al turismo, la principal actividad económica, representa el 40% del PIB de Almería y genera cerca de 100.000 puestos de trabajo. El «mar de plástico» produce el 18% del total del sector exportador agrícola de España.

Sin embargo, esa explosión económica ha generado cuestionamientos desde el punto de vista ambiental y social. Activistas medioambientales y expertos señalan que la sobreexplotación de los acuíferos y la contaminación por el exceso de plásticos en el ambiente deben ser suficientes para abrir el debate para una agricultura menos intensiva y mucho más sostenible. «No podemos seguir siendo el supermercado de Europa», le dice a BBC Mundo Julia Martínez, directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua de Almería, a pesar de los notables beneficios económicos.

A este pedido se suman organizaciones de derechos humanos que ponen el foco en las condiciones laborales. Los datos disponibles indican que cerca del 60% de los empleados que trabajan en los invernaderos son migrantes y actualmente existen denuncias de explotación laboral, discriminación y limitado acceso a una vivienda digna.

La vocación agrícola y exportadora de Almería no comenzó con el auge de los invernaderos a mediados del siglo XX, sino mucho antes: en la Inglaterra victoriana de finales del siglo XIX. «De Almería salían uvas y otros productos que eran muy codiciados en Reino Unido porque eran sembrados de una forma artesanal, en empresas familiares», le explica a BBC Mundo el historiador Andrés Sánchez Picón, catedrático de Historia Económica de la Universidad de Almería.

Sánchez Picón señala que la agricultura ejercida por núcleos familiares propietarios de pequeñas granjas ha sido el común denominador en esta región de España. «Entonces, hacia mediados del siglo XX se da una confluencia de factores, como el uso de nuevas tecnologías, el clima apto y esa vocación agrícola de Almería. Eso es lo que impulsa el desarrollo que vemos hoy», señala el académico. Al problema de la aridez le llegó también una solución.

«El hallazgo de un sistema de acuíferos subterráneos en el llamado Poniente Almeriense», dice Sánchez. «Y el problema del clima se soluciona con un desarrollo que se estaba implementando en Países Bajos: los invernaderos». Según el historiador, por iniciativa del gobierno local y con la idea de evitar la quiebra del sector a mediados de los años 50, se importaron desde California unas poderosas máquinas extractoras de agua. «Además de eso, también se adaptó la idea de los invernaderos de Países Bajos. Pero aquellos tenían una característica: eran de vidrio, y en Almería ya se había probado que el plástico era más resistente a los vientos de la zona», explica.

La mejora en el acceso al agua, el control del clima con los invernaderos y un tratamiento de la aridez de la tierra conocido como enarenado –que consiste en distribuir una capa de arena sobre la tierra para ayudar a la retención del agua– sólo era cuestión de tiempo que Almería se convirtiera en una potencia agrícola. Entonces se instaló el modelo de agricultura intensiva que se conoce actualmente y que se concentra en la zona de El Ejido. Actualmente existen al menos 12.000 explotaciones agrícolas que cubren una extensión de 32.000 hectáreas y producen cerca de cuatro millones de toneladas de alimentos, de los cuales el 60% son exportados al resto de Europa, generando un negocio cercano a los 5.100 millones de dólares al año.

«Aunque hay varios tipos de invernaderos, la tecnología que se utiliza es la de riego mediante goteo, que nos permite tener una producción constante a lo largo del año», explica Fernández. El portavoz de la asociación de productores anota que el principal alimento que se produce es el pimentón, pero también se cultivan otras frutas y hortalizas como pepinos, calabacín, berenjena, melón y sandía. «El principal destino de lo que se produce es Alemania, pero también va a Reino Unido, Francia, Italia, incluso a Estados Unidos», señala el gerente.

Sin embargo, los costos de producción se han incrementado en los últimos años, lo que afecta los precios finales al consumidor. «El incremento en esos precios no está ayudando a que tengamos una producción sostenible, lo que pone en riesgo no solo el futuro de Almería, sino incluso el suministro de alimentos en el continente», alerta el académico Juan Carlos Pérez Mesa, codirector de la cátedra Coexphal, que une el mundo académico con los empresarios de la exportación.

Otra problemática que han denunciado las organizaciones sociales locales ha sido la cuestión ambiental. Distintos organismos han señalado que la sobreexplotación del agua ha causado un declive ambiental en la zona que, de continuar así, podría afectar los ecosistemas de manera irreversible, además de la calidad del agua, que es un bien escaso en esta parte de España. «Vivimos en una de las zonas más áridas de Europa. Y es absurdo que seamos la huerta del continente. Si no reducimos la producción, vamos a tener un gran problema, especialmente en tiempos de cambio climático», señala Julia Martínez de la Fundación Nueva

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